Category Archive Las Crónicas de Rafel Jaume

La Abubilla y el Mirlo

A veces, en lugar de salir a la terraza a ver pasar guiris, prefería sentarme en el rellano de atrás y disfrutar de la alegre y mucho más armoniosa compañía de un puñado de mirlos que cantaban de principio a fin de año, pero con especial dedicación en primavera, entre el ramaje del exiguo reducto de pinos supervivientes y de una pareja de abubillas que venían a anidar cada temporada en una grieta entre los bloques de arenisca de la pared del vecino. Así, cuando mi profesor de lengua nos mandó escribir un cuento, aquellos dos pájaros tan diferentes me sirvieron de inspiración. Mis convicciones ecologistas hicieron el resto.

Un Hallazgo Funesto

El embate jugaba dulcemente con las olas, les daba forma, las redondeaba, las hacía a todas parecidas pero peculiares a la vez, sin permitir que ninguna de ellas se atreviera rivalizar con las demás. Cada vez que una pretendía destacar por sobre las otras, en altura o en premura por besar la orilla, la castigaba condenándola a deshacerse en una eclosión de espuma.

Cabrera es…

Cabrera es … una piedra, una hoja, un misterio sagrado; un promontorio de piedras, un océano de hojas, un islote inculto lleno de historia y de historias; de cada piedra, cada hoja, cada historia, se desprende la esencia del Mediterráneo.

Centinelas de una Mar Inmensa

Como centinelas de una mar inmensa oteábamos la infinita planicie azul al acecho de cualquier sombra que turbara aquella quietud. Sentados en la bañera habíamos conocido las especies de cetáceos que pueblan el Mediterráneo. Nada invitaba a sospechar sospechar el macabro hallazgo que días más tarde nos depararía Neptuno.

Mi Romance con el Zorba

Ahora que esta eterna y forzada quietud me niega el derecho de balancearme a placer, recuerdo con nostalgia, a veces dolorosa, pero más a menudo reconfortante, los días en que la brisa salobre del mar me escarchaba de sal la cara, mis manos se curtían a fuerza de sufrir el roce de escotas y amarras y la piel áspera de mis pies pisaba firme la noble madera de la escorada cubierta del Zorba.

Share
Share