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Esta es la traducción, revisada y algo mejorada, del 3º de los 4 trabajos presentados en la asignatura Historia I del grado de Humanidades de la UOC, durante el 1er semestre del curso 2016/17. Como los otros 3, mereció la calificación de matrícula de honor -¡ahí queda eso!-.

Si no has leído los anteriores, este es el orden por el que deberías hacerlo:

  1. Homo Sapiens: entre el Fuego y la Fábula
  2. Los Tres Reyes de Oriente
  3. Del Mite al Logos i Viceversa
  4. Mare Nostrum, Mare Mythicum, Mare Magnum (en preparación)

De los 4 trabajos, este es probablemente el más espeso. Se corresponde a la unidad 4. Civilizaciones europeas antiguas y, para que te hagas una idea, el enunciado comenzaba así: “Esta actividad trata sobre el paso del mito al logos y sobre cómo este paso afecta a las concepciones humanas del tiempo y el poder”.

¡Vale!, ¡vale! Esto de mito y logos suena un poco a griego… pero es porque es griego.

La cosa va así: los pueblos antiguos usaban un discurso basado en los mitos para explicar lo que no tenía explicación. A partir del siglo V aC, los griegos dejaron de creerse los “cuentos chinos” que les habían vendido sus antepasados y empezaron a filosofar -por eso eran filósofos-, es decir, a usar la cabeza para pensar y a eso le llamamos discurso lógico.

Pero como a veces tengo el vicio de leer, recordé haber comenzado un libro de un tal Yuval Noah Harari que se llama De animales a dioses: Breve historia de la humanidad, más conocido como Sapiens, que viene a decir que todo lo que cuentan los del discurso lógico también está basado en mitos, unos mitos diferentes, pero mitos al fin y al cabo.

Al final la cosa se me fue de las manos y, por culpa de este librito -que te recomiendo si quieres darle un repaso a la historia desde un punto de vista crítico, sarcástico y divertido– le di la vuelta a la tortilla de todo lo que estábamos estudiando.

El resultado es, como te he dicho, un resumen algo espeso -piensa que en dos páginas tenía que sintetizar un montón de información del copón- del paso del discurso mítico al “supuesto” discurso lógico.

¡Bueno! Yo te dejo aquí el trabajito; si quieres te lo miras y, si no, tan amigos.

 

Del Mito al Logos y Viceversa

 

«No hay dioses en el universo, no hay naciones, no hay dinero, ni derechos humanos ni ley ni justicia fuera de la imaginación común de los seres humanos.»
Yuval Noah Harari

Esquema de la Teogonia
Esquema de la Teogonía de Hesíodo (Fuente: Mitologialeyendas)

Debemos a los genios griegos de la antigüedad la invención del discurso plenamente lógico y la noción que tenemos hoy de mito: una ficción que hay que interpretar para situarla en su lugar, en un punto entre la leyenda, la religión y la historia. Este proceso de mutación del discurso se prolonga a lo largo de cuatro siglos, desde Hesíodo, lógico en la forma pero mítico en el fondo, hasta los grandes pensadores y primeros científicos del siglo de Pericles.

Pero, ¿cómo se da esta transformación?

Hesíodo, dejando constancia del corpus mitológico transmitido hasta entonces por vía oral, inicia dos de las modas más longevas y saludables de la historia: la escritura y, consecuentemente, la lectura. Otros poetas le imitan, pero son los primeros prosistas, explica Adam Parry, quienes le dan la vuelta a la cosa. Filósofos, oradores, cronistas, médicos, políticos y científicos, poniendo por escrito sus ideas, crean una nueva sintaxis pensada para ser leída. Esta nueva tendencia activa zonas del cerebro, dormidas hasta entonces, dedicadas a funciones diferentes de la memoria del que habla y de la percepción del placer del que escucha.

Los griegos no inventan el arte de escribir; pueblos más antiguos ya lo habían hecho, pero para dejar constancia de unos hechos que habían sido voluntad de los dioses. Ahora son las ideas de los hombres las que quedan plasmadas sobre el papiro, fruto de una nueva forma de discurrir de los autores y causa de un efecto similar sobre quienes las leen.

Quien escribe lo hace porque antes lee, reflexiona, coincide o discrepa con lo que lee y elige y compone las palabras para hacer reflexionar al lector.

“La organización del discurso escrito va acompañada de un análisis más riguroso y una ordenación más estricta de la materia conceptual”.1 

Quien lee repite el proceso mental del autor, transmitiéndose así, no sólo lo que dice, sino también cómo lo dice; el fondo y la forma; la idea y el discurso.

“La lectura supone una actitud mental diferente, más desapasionada y (…) exigente que la audición de un discurso pronunciado”.2

Leer y escribir son hábitos que implican comportamientos lógicos. Por primera vez en la historia, los hombres cultos repiten arquetipos que no provienen del mito sino de la mano de otros hombres. Los dioses hablan; los hombres escuchan; pero ahora también leen, piensan y escriben lo que piensan y eso, no lo hacen los dioses.

Cova d' Euripides a Salamina
Cueva de retiro donde escribía Eurípides en Salamina (Fuente: Trip2Athens)

El mito es ahora paradigma; la creencia se convierte en leyenda. Incluso los poetas, seguidores del discurso mítico, lo modulan según los nuevos gustos, obviando lo que de malo han hecho dioses y héroes en el pasado y relatando historias que puedan servir de ejemplo a los hombres.

Esquilo, Sófocles y Eurípides van más allá. “La tragedia, cuando recoge las tradiciones míticas, las utiliza para plantear a través de ellas problemas que no admiten soluciones”.3

Concluyen esta cruzada del logos contra el mythos, Gorgias, Tucídides, Hipócrates, Demócrito y, final y despiadadamente, Platón:

“Me da la impresión de que nos cuentan mitos como si fuéramos niños”,4

y Aristóteles:

“Los discípulos de Hesíodo y todos los teólogos se han preocupado sólo de lo que podría convencerles a ellos mismos, sin pensar en nosotros”.5

Heródoto hereda la vocación pedagógica de Hesíodo, aunque relegando, en sus Historias, al mito a la explicación de lo sobrenatural y retratando los hechos como modelos a seguir; en palabras de Erich Kahler, “los griegos querían saber para vivir como era debido; (…) actuar y vivir de acuerdo con el orden cósmico”.6 Toma de los logógrafos jónicos el carácter etnológico y geográfico, añadiendo la política y la antropología a la descripción de su mundo, “para que -dice Heródoto– no se desvanezcan con el tiempo los hechos de los hombres (…) y, sobre todo, la causa por la que se hicieron la guerra”; 7 pero, obsesionado por la veracidad y consciente de la incertidumbre de sus fuentes, nos advierte:

“Tengo que contar lo que se cuenta, pero de ningún modo me lo he de creer todo”.8

Yuval Noah Harari
El profesor universitario y escritor Yuval Noah Harari (Fuente: Wikipedia)

Tucídides culmina el paso de la leyenda a la historia científica, prescindiendo de referencias a los dioses y de lo que no ha vivido o constatado personalmente. Participa en la guerra contra Esparta y la narra con imparcialidad, con la intención de deducir su causa y depurar la verdad; prescindiendo de todo aquello que cuentan, si no lo oye de, en sus propias palabras, “personas dignas de fe, que tenían verdadera noticia y conocimiento de ello”.9

Causalidad, veracidad y utilidad pedagógica caracterizan también las Historias de Polibio, que quiere averiguar “cómo, cuándo y por qué todas las partes conocidas del mundo conocido (sic) han caído bajo la dominación romana” 10 que, “según Polibio, ha unificado el mundo conocido y, por lo mismo, la historia se ha convertido en una historia universal”.11

Pero,”¿cómo -se pregunta, 23 siglos después, Yuval Noah Harariconsiguió Homo sapiens (…) acabar fundando (…) imperios que gobernaban a cientos de millones de personas?” 12 Creyendo en mitos comunes, resuelve el profesor israelí.

Los historiadores romanos tratan de imitar a los maestros griegos pero, más preocupados por justificar sus propios hechos, una forma de gobierno o la facción que representan, caen a menudo en la propaganda política. Pretenden parecer imparciales sin conseguirlo.

Si aceptamos como hipótesis la idea de Harari de que “cualquier cooperación humana a gran escala (…) está establecida sobre mitos comunes que sólo existen en la imaginación colectiva de la gente (…) (y que) los estados se basan en mitos nacionales comunes“,13 tendremos que concluir que los discursos de Julio César, Salustio, Tito Livio y Tácito son tan míticos en el fondo como el de Hesíodo, por cuanto que, si la intención del griego es perpetuar la creencia en las ficticias hazañas de dioses y héroes, los romanos, aunque se refieren a hechos verídicos, los tergiversan exagerando, minimizando, ocultando o disfrazando la realidad, con el fin de perpetuar el imperio, un sistema de gobierno o un partido político. Podríamos decir que, mientras aquel historiza el mito, estos mitifican la historia.

Incluso Polibio, paradigma del discurso lógico, cuando dice: “por este estudio, nuestros descendientes comprenderán si el poder romano es digno de elogio y emulación, o si merece reproches”,14 ¿no está planteando la conveniencia de perpetuar un mito?

Pax romana
Territorio abarcado por la Pax Romana o Augusta (Fuente: Elhistoriador)

Roma extiende la pax romana sobre la barbarie. La exaltación de la dominatio romana no es otra cosa que la recreación arquetípica del triunfo del orden sobre el caos. Pero no a todos les gusta la paz de Roma. Tácito relata cómo “cuando los romanos invadieron Escocia, en el año 83 dC, encontraron una feroz resistencia por parte de las tribus caledonias locales, y (…) reaccionaron arrasando el país. En respuesta a las ofertas de paz (…), el caudillo Calgaco llamó a los romanos «los rufianes del mundo» y dijo que «al pillaje, la matanza y el robo les dan el falso nombre de imperio; producen un desierto y lo llaman paz»”,15 aunque esto último, “es probable que Tácito se lo inventara”.16

Res Gestae Divi Augusti
Extracto del Monumentum Ancyranum en Turquía (Fuente: 140First)

Testigo de la deificación de Julio César y anhelando para sí este honor, el emperador Octavio Augusto deja constancia de sus méritos con empalagosa falsa modestia. A diferencia de aquel, habla de sí mismo como un faraón, en primera persona, privando a su discurso del aura de objetividad del de César.

Res Gestae Divi Augusti parece más el Currículum Vitae de un opositor a dios que un epitafio.

Los faraones habían gobernado con convicción divina y vocación protectora de su pueblo. Augusto describe sus hazañas con vocación divina y con la intención de convencer al pueblo y al senado de que merece ser divinizado al morir, como lo fue su padre adoptivo, instaurando así una costumbre que se repetirá de ahora en adelante a la muerte de cada emperador.

¿No es eso el retorno arquetípico de un mito? ¿No tiene el discurso de Augusto el objetivo de perpetuarlo?

Octavianus Augustus
Estatua de Caius Iulius Caesar Octavianus Caesar Augustus en la Via dei Fori Imperiali, Roma (Fuente: History)

Augusto acapara las tres funciones que ancestralmente habían permanecido separadas en los pueblos indoeuropeos: el culto a los dioses, el poder de las armas y el cuidado del bienestar de sus súbditos. Comparándolo con el faraón -cualquiera de ellos-, encontramos suficientes indicios que parecen confirmar el ansia del príncipe romano de parecerse al rey dios egipcio y hacerse merecedor de ser investido de la divinidad que anhela.

Da tierras en propiedad a los que le son fieles, hace generosas donaciones al pueblo, edifica templos en honor de los dioses, recibe del senado los títulos de Pontifex Maximus, máxima autoridad religiosa Cura morum, preceptor y modelo de la conducta moral y Pater Patriae, padre y protector del pueblo. Con el título de Augusto se equipara al mítico Rómulo y con el de César a su divino predecesor, recreando el mito egipcio de Horus, el dios en vida, y su padre Osiris, el dios muerto pero dotado de eternidad.

Ahora, los romanos, orgullosos herederos del saber y de la razón de los griegos, perpetuarán este arquetipo tomado en préstamo de los egipcios, nombrando Caesar Augustus a todos sus emperadores y deificándolos a su muerte -salvo a Calígula, que lo hará él mismo en vida-.

Pero la gran diferencia entre Augusto y el faraón radica en la visión que de ellos tienen sus súbditos.

Augusto es generoso, pero podría no serlo, y deja minuciosa constancia de su magnanimidad. Para el faraón, garantizar el bienestar del pueblo es un deber divino. Augusto tiene que hacer la guerra para hacerse con el trono. El poder del faraón es indiscutible; una guerra civil, impensable.

Augusto escribe su epitafio y lo esparce cincelado en piedra por todo el imperio. A ningún faraón se le habría ocurrido dictar una lista detallada de sus méritos; el faraón es Horus, el dios halcón; sus hechos ya están engastados en la memoria colectiva de los egipcios; una biografía faraónica sería inútil y redundante. Al pueblo le basta con saber que mantiene la Maat, el orden justo, impartiendo la justicia divina, alejando a los bárbaros de las fronteras, ordenando la crecida anual del Nilo y poca cosa más.

Notas

  1. Jean-Pierre Vernant (1982) “Razones del mito” de: Mito y sociedad en la Grecia antigua. (cap. 9, pp. 170-220) [170-189]. Madrid: Siglo XXI. Vuelve al texto =}
  2. Jean-Pierre Vernant (1982) “Razones del mito” de: Mito y sociedad en la Grecia antigua (cap. 9, pp. 170-220) [170-189] Madrid: Siglo XXI. Vuelve al texto =}
  3. Jean-Pierre Vernant (1982) “Razones del mito” de: Mito y sociedad en la Grecia antigua (cap. 9, pp. 170-220) [170-189] Madrid: Siglo XXI. Vuelve al texto =}
  4. Jean-Pierre Vernant (1982) “Razones del mito” de: Mito y sociedad en la Grecia antigua (cap. 9, pp. 170-220, de: Plató. Sofista.) [170-189] Madrid: Siglo XXI. Vuelve al texto =}
  5. Jean-Pierre Vernant (1982) “Razones del mito” de: Mito y sociedad en la Grecia antigua. (cap. 9, pp. 170-220, de: Aristòtil. Metafísica) [170-189] Madrid: Siglo XXI. Vuelve al texto =}
  6. Pelai Pagès (1983) “La constitución de la historia como ciencia. Protohistoria e historiografía clásica” de: Introducción a la Historia. Epistemología, teoría, y problemas de método en los estudios históricos (cap. 4, pp. 105-149, de: Erich Kahler) [105-119] Barcelona: Barcanova. Vuelve al texto =}
  7. Pelai Pagès (1983) “La constitución de la historia como ciencia. Protohistoria e historiografía clásica” de: Introducción a la Historia. Epistemología, teoría, y problemas de método en los estudios históricos (cap. 4, pp. 105-149, de: Heròdot. Històries) [105-119] Barcelona: Barcanova. Vuelve al texto =}
  8. Pelai Pagès (1983) “La constitución de la historia como ciencia. Protohistoria e historiografía clásica” de: Introducción a la Historia. Epistemología, teoría, y problemas de método en los estudios históricos (cap. 4, pp. 105-149, de: Heròdot. Històries) [105-119] Barcelona: Barcanova. Vuelve al texto =}
  9. Pelai Pagès (1983) “La constitución de la historia como ciencia. Protohistoria e historiografía clásica” de: Introducción a la Historia. Epistemología, teoría, y problemas de método en los estudios históricos (cap. 4, pp. 105-149, de: Tucídides. Història de la Guerra del Peloponès) [105-119] Barcelona: Barcanova. Vuelve al texto =}
  10. Pelai Pagès (1983) “La constitución de la historia como ciencia. Protohistoria e historiografía clásica” de: Introducción a la Historia. Epistemología, teoría, y problemas de método en los estudios históricos (cap. 4, pp. 105-149, de: Polibi. Històries) [105-119] Barcelona: Barcanova. Vuelve al texto =}
  11. Pelai Pagès (1983) “La constitución de la historia como ciencia. Protohistoria e historiografía clásica” de: Introducción a la Historia. Epistemología, teoría, y problemas de método en los estudios históricos (cap. 4, pp. 105-149) [105-119] Barcelona: Barcanova. Vuelve al texto =}
  12. Yuval Noah Harari (2013). De animales a dioses: Breve historia de la humanidad (pàg. 28) Barcelona: Penguin Random House Grupo Editorial, 2014. Vuelve al texto =}
  13. Yuval Noah Harari (2013). De animales a dioses: Breve historia de la humanidad (pàg. 28) Barcelona: Penguin Random House Grupo Editorial, 2014. Vuelve al texto =}
  14. Pelai Pagès (1983) “La constitución de la historia como ciencia. Protohistoria e historiografía clásica” de: Introducción a la Historia. Epistemología, teoría, y problemas de método en los estudios históricos. Barcelona: Barcanova. (cap. 4, pp. 105-149, de: Polibi. Històries) [105-119]. Vuelve al texto =}
  15. Yuval Noah Harari (2013). De animales a dioses: Breve historia de la humanidad (pàg. 178, de: Tàcit. Agricola). Barcelona: Penguin Random House Grupo Editorial, 2014. Vuelve al texto =}
  16. Yuval Noah Harari (2013). De animales a dioses: Breve historia de la humanidad (pàg. 178) Barcelona: Penguin Random House Grupo Editorial, 2014. Vuelve al texto =}

 

Bibliografía 

 

Cervelló Autuori, Josep; Palet Martínez, Josep Maria Civilitzacions europees antigues. Materials didàctics de la UOC. 

Duby, Georges (1978) “Los tres órdenes: campo de la investigación” de: Ídem, Los tres órdenes o lo imaginario del feudalismo (pp. 19-30) Barcelona: Argot, 1983

Dumézil, Georges (1977) “Los primeros cuatro reyes de Roma” de: Ídem, Mito y Epopeya, I: La ideologia de las tres funciones en las epopeyas de los pueblos indoeuropeos. (Parte II, cap. 1, pp. 245-265) Barcelona:. Seix Barral.

Fatás, Guillermo (trad. de: August, 14 dC)  (1985) Res Gestae Divi Augusti (“Cuadernos de Historia 16, núm. 252 – Augusto”) Madrid: Universidad de Zaragoza.

Frankfort, Henri  (1981) “La autoridad del rey” de: Reyes y dioses.Estudio de la religidn del Oriente Proximo en la Antigiiedad en tanto que integracion dela sociedad y la naturaleza (cap. 4) Madrid, Alianza Editorial (Alianza Universidad, 308). 

Harari, Yuval Noah (2013). De animales a dioses: Breve historia de la humanidad. Barcelona: Penguin Random House Grupo Editorial, 2014.

Pagès, Pelai (1983) “La constitución de la historia como ciencia. Protohistoria e historiografía clásica” de: Introducción a la Historia. Epistemología, teoría, y problemas de método en los estudios históricos. (cap. 4, pp. 105-149) [105-119]. Barcelona: Barcanova. 

Vernant, Jean-Pierre (1982) “Razones del mito” de: Mito y sociedad en la Grecia antigua. (cap. 9, pp. 170-220) [170-189]. Madrid: Siglo XXI.

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