Disponible en: Catalán

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Estoy llorando.

Paco de Lucía se ha ido y lo ha hecho, como no podía hacerlo de otra forma, jugando, esta vez con los nietos, como lo hizo siempre con su guitarra, sus notas y con nuestros sentimientos.

Se fue de repente, sin codas ni da capos, con una cadencia rota que no le ha permitido escribir el final de esta gran obra que ha sido su vida.

Confieso que hacía ya tiempo que no le escuchaba, pero la sola idea de saber que, en algún lugar, su arte seguía alterando la estructura molecular de la atmósfera, me hacía feliz.

Vaya en paz, Maestro. Su música no lo hará nunca. No de mi alma.

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