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Si te quieres ir ambientando antes de adentrarte en esta historia, lo puedes hacer con la lista de Spotify que he creado para la ocasión. Te recomiendo que pongas la función shuffle (en el menú de abajo a la izquierda) para escuchar las canciones sin orden, pero tú hazlo como quieras. Si alguna no te gusta, que las habrá, te la saltas y tan amigos. Y, si no quieres oír publicidad, creo que puedes pedir la versión premium (sin los putos anuncios) un mes gratis.

La Polka
La Polka (Fuente: Notodoesindie)

Esta historia de una ida y una vuelta, que diría Tolkien, comienza una noche de viernes o sábado de enero o febrero de 1987 en una pizzería de la avenida Joan Miró de Palma, pasada la calle que sube al Castillo de Bellver y a 4 calles de la entonces efervescente Plaza Gomila.

Ese es precisamente nuestro objetivo, tras el par de cervezas de rigor, escuchando buena música en la Polka, posiblemente The Whole of the Moon de los Waterboys, que habíamos descubierto tiempo atrás allí mismo.

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Carátula del álbum This Is the Sea de los Waterboys (Fuente: Wikipedia)

Recuerdo que aquel glorioso día había levantado el culo del cómodo diván como si me hubieran metido dentro una guindilla, para acercarme a la barra y pedir a Miguel si me dejaba echarle un vistazo a la funda. El afable y náutico barman siempre tenía a disposición del cliente, además de una cálida sonrisa, la carátula del vinilo que estaba sonando, acostumbrado como estaba a abrir nuevos horizontes musicales a sus parroquianos. La semana siguiente ya leía las letras de This Is the Sea y trataba de sacar los acordes, sentado en el incómodo pero añorado viejo sofá vintage de casa, mientras escuchaba el álbum de arriba abajo una vez tras otra.

Al igual que todas y cada una de las noches en que Bernat y yo quedábamos, el plan consistía en hacer una rápida incursión para echar un vistazo al statu quo del complejo entramado de baretos y garitos distribuidos en 4 niveles que se alzaba ante la Plaza Gomila, al otro lado de Joan Miró, para acabar imperturbablemente soportando la ardua tarea de custodiar algún oscuro rincón bien situado del Moncloa, escuchando flipadas al gusto de la época como Digging Your Scene los Blow Monkeys, desde donde, con un vaso de tubo en la mano, poder observar, a través de la espesa, casi sólida, atmósfera de humo y perfumes que entonces colonizaba el espacio de todos y cada uno de los bares nocturnos del reino, con la casi siempre estéril esperanza de ser observados por alguien de buen ver.

El Seat 600 de mi abuelo
El Seat 600 de mi abuelo visto el 2 de enero de 2017 por mi hermano Mundo en la carretera de Inca a Sineu.  (Foto Raimond Jaume)

Como nosotros dos éramos más bien de buen beber, así, bien abrevados, solíamos terminar aquellas noches de juerga y desenfreno viendo clarear el cielo, mientras salíamos apestando a humo y empapados en sudor de Luna, habiendo bailado cosas como There Must Be an Angel de Eurythmics e intentábamos recordar donde habíamos dejado los coches. Yo solía repetir compulsivamente, como un zahorí en busca de agua, el atávico ritual de hacer rodar el llavero alrededor del dedo índice, como si esperara que mi Simca 1200 ámbar (o caquita de bebé) metalizado, heredado de mi padre, -¿o era el Seat 600 blanco del abuelo Tomeu?- hubiera de responder al conjuro.

Pero aquella noche había sido diferente, mágica, iniciática y nos había ofrecido la llave que abría la puerta de un mundo desconocido… bueno… desconocido para mí. Bernat ya era un iniciado. Él ya había disfrutado de una primera experiencia, abducido por nuestro buen amigo, Toni Mulet, uno o dos años atrás. Aquella noche, sentados dos o tres mesas más allá, un par de trotamundos mochileros, descuidados y melenudos nos pasaban impúdicamente su libertad por la cara a todos los comensales; a nosotros dos, además, nos abrían los ojos a un nuevo mundo y nos inflamaban el alma.

La cosa empieza como una broma; Bernat, como experto iniciado, prende la llama.

– Eso, deberíamos hacer nosotros: ¡el equipaje y a correr mundo se ha dicho!

A fin de no volver escuchar su fin de año bebiendo cervezas con Toni y un puñado de alemanes beodos en algún tugurio teutón, le sigo el juego.

Horaire Paris-Kobenhaven 1
Horarios de los trenes de Paris a Copenhague. (Escáner: Tomeu Jaume)

– ¡Hecho! ¿Cuándo partimos? Yo digo que a Paris.

– ¡Más arriba! -dice él- Göteborg, Suecia.

– Y que hay Göteborg, Suecia?

Hay miradas que hacen inútiles las palabras y medias risas que dejan corta cualquier explicación. Bernat -como si le estuviera viendo- me clava una de cada.

– De acuerdo, Göteborg, Suecia y de paso Copenhague.

No recuerdo que Bernat pusiera ninguna objeción a Copenhague, Dinamarca.

Carátula del single Wonderful Copenhagen
Carátula del single Wonderful Copenhagen (Fuente: YouTube)

El hermano de mi padre, el tío Jaime, había vivido una serie de años, en Copenhague y este nombre siempre me había evocado un lugar lleno de misterios que quería descubrir algún día. La melodía de Wonderful Copenhagen, que tanto había escuchado de niño, de la voz de Danny Kaye, en el single, uno de tantos, que nos había regalado el tío, me vino a la mente, como lo ha hecho ahora mientras evoco aquel momento.

La cosa se anima hasta que uno de los dos dice al otro;

– Pero… ¿vas en serio o en broma?

– ¿Y tú?… ¿vas en serio?

– No lo sé, pero… si tú vas, yo me apunto.

A partir de aquí, el “¿y por qué no?”, esta frase hecha, tan infrautilizada por gente como nosotros, con las vidas casi programadas, de quienes no se espera nada que se salga de lo normal, va tomando forma dentro de nuestras cabecitas y ya no saldrá en mucho tiempo.

Estaba a punto de cumplir el año trabajando en la oficina de Santa Ponça de la Banca March y aún no había tenido vacaciones. Bernat empezaba a trabajar en el aeropuerto en el mes de abril. Si no espabilábamos perderíamos el tren.

El mismo lunes por la mañana, se lo cuento  a mi buena amiga Antònia y me anima a dar el paso.

En la oficina de Santa Ponça solíamos escuchar Radio 80 Serie Oro, o sea que la música que sonaba en ese momento no tiene nada que ver con la banda sonora de este viaje; pero quiero hacer un inciso para dedicarle a Antonia Fornés, que sé que me está leyendo -com anam, Antonia?-, una canción que ella me hizo descubrir en la radio y que, siempre que la escucho, me recuerda a ella. El título describe exactamente lo que sentí cuando me recibió con su sonrisa de oreja a oreja desde el mostrador de la sucursal y que no he dejado de sentir cada vez que la he visto o he hablado con ella: Good Vibrations.

“Ahora hay poco trabajo; Miquel te dirá que sí; y si no, ya hablaré yo con él”. Me armo de valor y entro en el despacho del director. Cuando oye hablar de mochilas y de Escandinavia, a Miquel Vallés se le pone esa cara de de niño malo cómplice que yo aún no conocía y, no sin hacerme sufrir un rato, me concede la preciada licencia, pero con la prenda, de tener que contarle TODO el viaje con pelos y señales.

Bernat i Rafel
Bernat y yo, velando armas en Cala Gamba la noche antes de nuestra fuga. (Escàner: Tomeu Jaume)

Y así, como quien no quiere la cosa, nos tienes a Bernat y a mí brindando con dos San Miguel, sentados en el suelo de su casa de Cala Gamba, con un montón de mapas y con mi vieja Yashica en su funda de piel.

Alguien se la había dado a mi padre porque estaba estropeada y allí había quedado, en el armario del cuarto de los trastos.

1985-86 Patronato Senior
Equipo senior del Patronato 1986. Mateu Terrades, el primero por la izquierda, junto a un montón de buenos amigos y amigas. (Escáner: Tomeu Jaume)

Yo por entonces era el segundo entrenador del equipo senior de baloncesto del Patronato y nuestro delegado, Mateo Terrades, era un reconocido fotógrafo. Le había llevado la cámara y me la había devuelto un día antes de partir diciéndome: “teóricamente debería ir bien, pero…”

¡Fantástico! La mayor aventura de mi vida y no sabía siquiera si tendría alguna foto de recuerdo.

DE SA FUITA D’EN BERNAT I EN RAFEL CAP A TERRES DEL NORD.

“En Toni i na Toni ens acompanyen cap a s’areoport. “

Primera página de nuestro cuaderno de bitácora. (Escáner: Tomeu Jaume)

Así, con una falta de ortografía -al menos el apóstrofe del título lo puse bien-, comienza, de mi puño y letra, el diario que Bernat Oliver y yo empezamos a escribir a medias, tal día como hoy de 1987. Treinta y siete páginas, una travesía en barco y un amanecer más tarde, terminaría la, hasta entonces, mayor aventura de mi vida.

Bernat y yo pertenecemos a una de las últimas generaciones de mallorquines que a finales de los años 80 y a nuestros 23 años nos veíamos privados de nuestra lengua. Yo había tenido la asignatura optativa de mallorquín en 3º de BUP. La otra opción era tener la hora libre. Así, analfabetos de lo nuestro, pero letrados en lo que nos venía de fuera y que nos endosaron como propio; inmersos en la estúpida guerra fratricida del gonellismo contra el antigonellismo que aún ahora salpica a veces las páginas de los periódicos.

¿Por cuánto tiempo tendremos que esperar para poder volver cantar esa surrealista canción mallorquina, En Pep Gonella, sin que algún letraducho purista nos mire como si estuviéramos haciendo trizas la Senyera?… ¡Bueno!, también habría que cambiarle algo la letra. ¿Matar a un asno con una espada?… ¡Tiene mal arreglo , la cancioncilla!

Sigo, que hoy me voy por las ramas.

Así, decía, aquí nos tienes a Bernat y a mí planteándonos el trascendental dilema: “¿Cuál es más digna acción del ánimo“, relatar nuestra experiencia iniciática con la pulcritud aprendida en la escuela, utilizando un collage de frases hechas con la nunca menospreciada y siempre respetada lengua cervantina, o bien dejar brotar libremente las palabras de nuestras mentes y, con las cuatro letras mal aprendidas de Lluis Llach, las rondallas escuchadas pero nunca leídas siendo niños y la pizca de imaginación que el tiempo nos ha demostrado a ambos que teníamos adormecida, esperando la mano de gramática que ha sabido despertarla -¡como estoy, hoy!; será cosa de los nolotiles-, vomitar tan bien como pudiéramos sobre las hojas de nuestro cuaderno de bitácora, yo con mi infantil, caótica y desgarbada letra y Bernat con unas trazas que ya apuntaban maneras, en la lengua que nuestros padres, más allá de absurdas ideologías políticas, nos habían enseñado a amar?

Sin siquiera un triste diccionario de bolsillo, optamos por la segunda y, estáis calladitos y sois buenos, os iré deleitando de vez en cuando con alguna de las virguerías que dejamos para la posteridad.

Esta historia continuará, pero ya será otro día, que hoy se hace tarde, estoy cansado y parece que va llover o, como dijo una noche Tomeu Penya en el Coliseo Balear , mientras dejaba el escenario a “un grupo que también lo hacen muy bien, los Pretenders“: tengo que ir a acostar a los animales.

Te dejo con los Waterboys y The Whole of the Moon en directo, un año antes de nuestra fuga.

Salud y que tengas un buen día.

CONTINUARÁ

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