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Como sabrás -y si no lo sabes, ahora te lo digo yo- estos últimos meses he cursado la asignatura Historia I del grado de Humanidades en la UOC. Este es el primero de los 4 trabajos que he presentado. Consistía en sintetizar en 2 páginas las lecturas y los contenidos de la 2ª unidad, llamada “Hominización y cambio cultural en la prehistoria“, contestando a la pregunta: “¿Qué significa ser humano? ¿Existe algún rasgo que nos haga diferentes … especiales, escogidos?”

Interesante, no? Si ya has leído algo mío, sabrás que la pregunta me vino que ni pintada; como anillo al dedo. La tentación de soltar mis ideas personales sobre el animal humano fue grande, de hecho, vas a a leer cosas que te sonarán de alguno de mis artículos (¿autoplagio?); pero no estaba ante mi Cuaderno sino ante un trabajo académico donde debía demostrar que había hecho los deberes, que me lo había leído todo y que lo había entendido. 

¿Cómo sintetizar los conocimientos aprendidos y dejar constancia de mi opinión en solo dos páginas? Pues así fue como lo hice:

Homo Sapiens: entre el Fuego y la Fábula

 

“Ahora debemos redefinir herramienta, redefinir hombre o aceptar a los chimpancés como humanos.”
Louis Leakey*

Charles Darwin
Charles Darwin (Fuente: Wikipedia)

Desde que el hombre occidental -superada la controversia decimonónica entre creacionistas y evolucionistas en favor de los darwinistas– toma conciencia de su condición animal, se ha obsesionado en establecer cuál es el rasgo sustancial que le distingue del resto de los seres del reino, para identificar al “… antepasado común de humanos y simios, … lo que con el tiempo pasó a denominarse el eslabón perdido“;1 dicho de otro modo, ¿en qué momento histórico un homínido mereció ser llamado hombre por su futura estirpe?

Probablemente la cualidad que durante más tiempo el animal humano ha considerado suya en exclusiva haya sido la inteligencia, de la que se ha visto forzado a ir cambiando la definición cada vez que una investigación científica ha constatado un comportamiento animal no humano que se ajusta a la acepción vigente. Algunos lexicógrafos han osado resolver el problema encabezando su definición con un rotundo “Facultad o capacidad del hombre que…”, circunscribiendo así la inteligencia al ser humano, con exclusión de cualquier otra forma de vida y negando incluso la posible existencia de una inteligencia divina. Hoy sabemos que el hombre no es el único animal inteligente aunque probablemente sea el único que da importancia al hecho de serlo.

Descartada la mera actividad intelectual como rasgo definitorio de la condición humana, ¿qué otros argumentos nos quedan?

Homo habilis
Homo habilis (Fuente: Wikia)

La coincidencia en la datación histórica de los primeros restos del género Homo y las primeras herramientas fabricadas en piedra facilitó la tendencia a considerar la fabricación de herramientas como el primer signo inequívoco de hominización. “Si … es a partir de los 2,5 millones de años que los paleoantropólogos dicen haber encontrado los primeros representantes del género humano (Homo rudolfensis y Homo habilis), todo parecía encajar a la perfección: los humanos propiamente dichos habrían sido los primeros artesanos…, la herramienta definía al ser humano“.2

The surfing ant (credit: Matt Doogue)
The surfing ant (by: Matt Doogue)

La habilidad para fabricar utensilios, sin embargo, no es una cualidad exclusiva del hombre. Al contrario, podemos intuir que el artesano primitivo se fijó en la obra de otros animales y los imitó. Observando los nidos de la avispa alfarera habría aprendido a hacer cántaros para conservar los líquidos, de la araña habría imitado las redes para pescar y de la habilidad de ciertas hormigas para atravesar charcos de agua sobre hojas previamente seccionadas, el arte de la ingeniería náutica, por citar tres de los ejemplos más evidentes; pero muchas otras especies animales han desarrollado antes que el Homo faber la habilidad de usar y de fabricar herramientas para la obtención de recursos.

Los cangrejos ermitaños usan caparazones de moluscos muertos para hacerse su casa; los pájaros, ramas y hojas para fabricar nidos; el alimoche emplea piedras para romper cáscaras de huevo mientras las nutrias eligen y conservan las más adecuadas para usarlas de yunque, golpeando en ella pequeños mariscos hasta aplastar su cáscara, y envuelven erizos marinos en hojas de algas antes de abrirlos sin pincharse; por no hablar del castor y sus dotes de ingeniero para fabricar presas. ¿Quien tomó prestada la idea de quién? Se podría argüir en contra que, en muchos de estos casos, el animal no fabrica sino que tan solo usa la herramienta sin transformarla; pero sí sabe combinar las fuerzas de la Naturaleza -gravedad, flotabilidad- y las características físicas de los utensilios -peso, forma, plasticidad- con su capacidad de aprendizaje y adquirir nuevas habilidades -puntería, modelado, triaje-; a eso, cuando es el hombre quien lo hace, lo llamamos tecnología.

Jane Goodall HK
Jane Goodall (by Jeekc via Wikimedia Commons)

 Sorprende que hayamos tenido que esperar a las investigaciones de Jane Goodall con los chimpancés en los años 60 para aceptar que el ser humano no es el único -ni siquiera fue el primer- animal capaz de fabricar útiles. De aquí podemos concluir que, en ocasiones, la comunidad científica se ancla décadas por detrás del saber popular y del sentido común, obsesionada en negar lo evidente por prejuicios religiosos o antropocéntricos.

¿Cuál es entonces el rasgo que nos diferencia del resto de los mortales?

Wilma-Neanderthal
Wilma Neanderthal   (Fuente: NGM / Reconstruction by Kennis & Kennis / Photograph by Joe McNally)

Los primeros hallazgos de enterramientos rituales en el Neolítico permitieron atribuir al Homo sapiens la capacidad de reflexionar sobre la vida y la muerte; “… el hombre, al vivir con esta preocupación, se constituye en el único animal que vive con la conciencia de su destino final“.3 Excavaciones posteriores demuestran la presencia de este comportamiento en el Homo neanderthalensis, mucho antes, durante el Paleolítico medio. Una vez más, sin embargo, el ámbito académico se niega a reconocer la evidencia porque “… no está preparado para admitir la existencia de enterramientos realizados por homínidos anteriores al Homo sapiens sapiens hace 40.000 años… No era concebible que un ser que no mostraba idénticas características físicas a nosotros hubiera poseído la facultad de… preocuparse por la muerte”.4 Hoy tenemos evidencias de preocupaciones religiosas en los homínidos del Pleistoceno superior hace hacia 120.000 años y la sospecha de que los homínidos de Atapuerca ya las tuvieran hace más de 300.000.

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Hombre león de Stadel  (by Dagmar Hollmann  via Wikimedia Commons)

 Por otra parte, el hombre parece ser el único animal capaz de intuir o de inventarse la existencia de seres superiores -llamémosles dioses, ángeles, demonios, extraterrestres o como queramos- sin tener constancia física, para explicar cosas que no es capaz de entender. Tal vez es verdad, como dice Jordi Nadal, que “somos humanos porque somos Homo religiosus. La conducta religiosa es un elemento propio, exclusivo de nuestra especie y universalizado entre todas las sociedades”,5 como también lo es, sin embargo, la capacidad de inventar historias, mitos, cuentos, leyendas… y de transmitirlas haciéndolas pasar por ciertas; ¿creatividad o mentira? El hombre león de Stadel, cortado en marfil de mamut, es una de las primeras constancias de arte, de religión y de la capacidad del Homo sapiens de imaginar cosas irreales.6 El hombre es posiblemente el único animal con capacidad para la ficción. “Esta capacidad de hablar sobre ficciones es la característica más singular del lenguaje de los sapiens“.7 Desde un punto de vista agnóstico, la religión no sería más que una más de tantas ficciones creadas por el único animal capaz de engañarse a sí mismo o de engañar a sus congéneres para asumir un rol de poder dentro del grupo. Más que de Homo religiosus, ¿deberíamos hablar entonces de Homo fabulator?

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Homo erectus, hace más de 600.000 años.

Pero hay más rasgos definidores de nuestra especie. No habría sido posible la creación de historias sin el logro de un lenguaje complejo y es difícil imaginar a un grupo de homínidos contando y escuchando fábulas sin una hoguera de por medio. El lenguaje y el fuego: dos hitos previos a cualquier creación literaria primitiva. ¿Somos humanos desde que hablamos?, ¿o tal vez lo somos desde que hacemos fuego? Homo locuens? Homo incendarius?

La complejidad del lenguaje ha permitido al hombre “… cooperar de maneras extremadamente flexibles con un número incontable de extraños”,8 pero también crear infinidad de idiomas diferentes, convirtiéndose probablemente en el único animal inteligente capaz de no entenderse con otros individuos de su misma especie. Un perro que viaje a las antípodas se entenderá perfectamente con cualquier otro perro gracias a su sencillo y universal lenguaje gestual; sus amos humanos no tendrán tanta suerte, por obra y gracia de su cultura, es decir, de pertenecer a culturas diferentes. El lenguaje humano ha sido la herramienta indispensable para lograr todo lo que nos llena de orgullo como especie porque nos ha permitido cooperar para hacer grandes cosas, pero también lo ha sido para ofender, conspirar y declarar guerras. Ahora bien, ¿nos hizo hombres la palabra o lo éramos ya antes de vocalizar los primeros vocablos?

“Un paso importante … fue la domesticación del fuego … una fuente fiable de luz y calor, y un arma mortífera… (con la que)… los humanos pudieran haber empezado a incendiar deliberadamente sus inmediaciones… (para)… convertir espesores intransitables e improductivos en praderas prístinas con abundante caza”.9 El fuego es el primero de una larga lista de avances tecnológicos que han permitido al hombre adaptar su entorno a sus necesidades en lugar de adaptar su cuerpo a las imposiciones del medio. Así, el hombre es el único ser vivo incapaz de adaptarse al cambio climático, recluido en su burbuja de aires acondicionados y calefacciones, convirtiéndose en prisionero de la tecnología que él mismo ha creado. El fuego, sin embargo, no fue exclusivo del Homo sapiens; otras especies homínidas ya extintas también lo habían usado.

Mamut
Ilustración de Zdeněk Burian

Gracias a la tecnología, el Homo sapiens es la única especie capaz de destruir su hábitat y de extinguir otras especies enteras. En lugar de Homo faber, Homo religiosus u Homo fabulator, ¿habría que hablar entonces de Homo extinctor? Los sapiens borraron de la tierra a los neandertales, denisovianos y demás homínidos, los mamuts, diprodontes y una larga lista de especies que no ha terminado todavía. Las pruebas arqueológicas que confirman la llegada del hombre a territorios lejanos como Siberia, Sudamérica o Australia coinciden en fecha con la extinción de especies como el mamut de la isla de Wrangel en el océano Ártico, a 200 km. de la costa siberiana, una veintena de especies marsupiales gigantes australianas o los megaterios sudamericanos, perezosos de más de seis metros de altura.10

Viktor Vasnetsov
Homo sapiens en una pintura de Viktor Vasnetsov

La historia de la humanidad comenzaría así con el primer homínido que utiliza el lenguaje para fabular una ficción o con el primero que utiliza el fuego para incendiar una selva y acabará con el primero capaz de provocar un desastre nuclear, químico, climático o de por otra clase a nivel global que la aniquile, aunque no quedará ningún homínido para constatar la fecha. Puede parecer una visión algo pesimista pero no lo es tanto. El planeta Tierra, como ser vivo que es, tiene sus propios mecanismos de defensa y, cuando creó al hombre a partir de la evolución de la materia en átomos, moléculas y finalmente en especies, lo dotó de un sistema de autodestrucción: una inteligencia superior** que le ha permitido desarrollar la tecnología necesaria para convertirse en el único animal capaz de provocar su propia extinción, en beneficio de aquellas especies que sean capaces de sobrevivir a la catástrofe. Será este el rasgo diferenciador de nuestra especie? 

* Respuesta de Louis Leakey, paleontólogo, antropólogo y arqueólogo keniano, mentor de Jane Goodall, en un telegrama en el que Goodall afirmaba haber observado a chimpancés fabricando herramientas.

** A este nivel de inteligencia superior, yo lo denomino estupidez, pero tal vez mencionar al Homo stultus habría sido excesivo para mi primer trabajo académico.

 

Notas

 

  1. Jordi Serrallonga (2005, 6 de febrero) “En busca del eslabón perdido”. La Vanguardia Magazine (pág. 42). Regresa al texto
  2. Jordi Serrallonga (2005, 6 de febrero) “En busca del eslabón perdido”. La Vanguardia Magazine (pág 44). Regresa al texto
  3. Manuel Domínguez-Rodrigo (1997) “En el umbral de la inmortalidad: la aparición de la preocupación religiosa”. A: El primate excepcional. El origen de la conducta humana. Barcelona: Ariel. (pág. 170). Regresa al texto
  4. Manuel Domínguez-Rodrigo (1997) “En el umbral de la inmortalidad: la aparición de la preocupación religiosa”. A: El primate excepcional. El origen de la conducta humana. Barcelona: Ariel. (pág. 171). Regresa al texto
  5. Jordi Nadal “Religiositat al Paleolític. Símbols i creences”. Documentació-Materials didàctics de la UOC. Regresa al texto
  6. Yuval Noah Harari (2013). From Animals into Gods: A Brief History of Humankind [‘De animales a dioses: Breve historia de la humanidad’] Barcelona: Penguin Random House Grupo Editorial, 2014. (pág. 23). Regresa al texto
  7. Yuval Noah Harari (2013). From Animals into Gods: A Brief History of Humankind [‘De animales a dioses: Breve historia de la humanidad’] Barcelona: Penguin Random House Grupo Editorial, 2014. (pág. 25). Regresa al texto
  8. Yuval Noah Harari (2013). From Animals into Gods: A Brief History of Humankind [‘De animales a dioses: eve historia de la humanidad’] Barcelona: Penguin Random House Grupo Editorial, 2014. (pág. 26). Regresa al texto
  9. Yuval Noah Harari (2013). From Animals into Gods: A Brief History of Humankind [‘De animales a dioses: Breve historia de la humanidad’] Barcelona: Penguin Random House Grupo Editorial, 2014. (pág. 15). Regresa al texto
  10. Yuval Noah Harari (2013). From Animals into Gods: A Brief History of Humankind [‘De animales a dioses: Breve historia de la humanidad’] Barcelona: Penguin Random House Grupo Editorial, 2014. (pág. 63-69). Regresa al texto

 

Bibliografia

 

Domínguez-Rodrigo, Manuel (1997). “En el umbral de la inmortalidad: la aparición de la preocupación religiosa”. A: El primate excepcional. El origen de la conducta humana (cap. VIII, pàgs. 169-181). Barcelona: Ariel.

Harari, Yuval Noah (2013). From Animals into Gods: A Brief History of Humankind [‘De animales a dioses: Breve historia de la humanidad’] (pàg. 7-40). Barcelona: Penguin Random House Grupo Editorial, 2014. 

Jiménez Conejo, Antonio Manuel Las herramientas de los animales [article en línia]. Fieras, alimañas y sabandijas. Revista de divulgación zoológica.  [Data de consulta: 26 de març de 2016].<http://www.galeon.com/fierasysabandijas/arcart/herramien.htm>

Morell, Virginia (2008, març). Mentes Animales [article en línia]. National Geographic Magazine. [Data de consulta: 25 de març de 2016].
< http://www.mvd.sld.cu/noticias/noticias%20cient%EDficas-scccv-/Mentes%20animales.pdf> 

Nadal, Jordi  “Religiositat al Paleolític. Símbols i creences”. Documentació – Materials didactics de la UOC.

Serrallonga, Jordi (2005, 6 de febrer). “En busca del eslabón perdido”. La Vanguardia Magazine. 

Serrallonga, Jordi (2004) Ecología, comportamiento y paleo-etoecología homínida: una revisión crítica sobre la evolución biológica y cultural de los primeros homínidos africanos. Estudios de Psicología, 25 (2), 129-147.

 

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