Disponible en: Catalán

Share

No creo que la muerte de Adolfo Suárez deba ser motivo de tristeza. La muerte es al fin y al cabo -nunca mejor dicho- el objetivo final de toda forma de vida; es la consecuencia inevitable del hecho de haber estado vivo y nos recuerda que el derecho a la vida es una soberana incongruencia, pues no nos corresponde a nosotros decidir sobre la vida y la muerte.

Sí es triste, sin embargo, tener que escuchar los elogios a sus virtudes de boca de este rebaño de presuntos chorizos -y no hablo de un partido concreto- futuros o presentes asesores de alguna poderosa compañía y chupadores insaciables del dinero público , que son indignos de mentar su nombre.

Se callen, coño!

Share