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Escribiendo con el ratón de boca
Escribiendo con mi ratón de boca en mi habitación. Octubre de 2014.

Ahora vegeto en el Purgatorio, pagando por unos pecados que desconozco y esperando un juicio o una explicación que no llega ni lo hará nunca. Permanecer tetrapléjico, sentado en tu silla de ruedas, ante tu ordenador sabiendo que, allá afuera, la vida continúa para la gente normal no es vivir; tan solo es ser testigo de la vida de los demás.

Pero ya no estoy al menos en el Infierno. Poco a poco, lo voy dejando atrás. Me queda el calambre; este intenso y eterno dolor neuropático en las cuatro extremidades que no merma más que cuando consigo caer dormido. Como muy bien lo describe Philippe, el protagonista de Intocable, “me siento como un trozo de carne congelada en aceite hirviendo: no puedo sentir el dolor pero sufro”. Yo prefiero explicarlo así: en 2010 recibí un fuerte golpe de suegra en ambos brazos y piernas y aún perdura.

Llegué al Purgatorio  procedente del Infierno en la Navidad de 2010, cuando empecé a respirar por mí mismo. Fue entonces, a mi vuelta a Mallorca, cuando me negué en el hospital Sant Joan de Déu, contra la opinión de los neumólogos, a seguir conectado a mi respirador artificial. Durante 2 largos años, mis noches fueron un calvario. El moco que cuajaba en mi garganta me ahogaba y nunca sabía si sería capaz de sobrevivir hasta la mañana siguiente. Desear no despertar no te quita el miedo a morir y la muerte por asfixia nunca ha sido mi mejor opción.

A finales de 2013 empecé a comer por la boca. Hasta entonces me habían cebado a jeringazos por gastrostomía, un tubo conectado a mi estómago a través de un agujero abierto en mi barriga. El 30 de junio me taparon por fin la traqueostomíael maldito boquete en mi garganta,  y desde entonces, puedo hablar con cierta normalidad, aunque todavía no con mucha fuerza a causa de la parálisis, que me afecta también a los músculos del pecho. Un mes más tarde, me quitaron la sonda del estómago y empecé a sentirme un poco más persona.

5 días por semana tengo una sesión de rehabilitación con uno de mis 2 entrenadores: Luis Santamaría y Rafa Allegue. Gracias a ellos no estoy rígido como un garrote, no he perdido la musculatura de las extremidades inferiores, he conseguido levantar el brazo izquierdo y comienzo a mover con mucho esfuerzo la mano derecha y las dos piernas. Pero aún me falta mucho para salir del Purgatorio y volver al Edén. Todo llegará. Si quieres ser testigo, sigue este blog, aunque no te prometo nada.

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