Disponible en: Catalán

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En diciembre de 1989 visité la “gran manzana”. Nueva York me pareció una ciudad llena de contrastes, viva y electrizante. Caminando solo por calles y avenidas, parecía que me hubieran enchufado a 220 voltios. No podía parar de moverme, tal vez por el frío que pegaba o quizás por el hecho de que nadie parecía poder detenerse, salvo unos cuantos que te solías encontrar en las esquinas en grupitos de tres o cuatro que se quedaban inmóviles buscándote los ojos con la mirada. Yo hacía lo que ya me habían dicho que hiciera: “no mires a la gente a los ojos y sobre todo no te pares“.

Aquí tienes un pequeño testimonio del único día que opté por el blanco y negro.

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