Disponible en: Catalán

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El primer semestre del curso 2016-17, cursé la asignatura Lengua, Cultura y Sociedad, del grado de Humanidades de la UOC. El primer trabajo consistía en una pequeña redacción, de no más de 400 palabras, relacionando mi experiencia como escritor con la idea que sugiere este texto:

Las palabras son siempre medio de otra persona. Devienen “nuestras” sólo cuando el hablante las llena con su intención, con su propio acento; es decir, cuando las hace suyas. Antes de ese momento de apropiación, las palabras no existen en un lenguaje neutro e impersonal, sino en las bocas de los demás, en los contextos concretos de las otras personas, al servicio de sus intenciones: es de aquí que debemos tomar las palabras y hacerlas nuestras.”

La coincidencia en una misma frase de “máximo 400 palabras” y “tus propias experiencias como escritor” suponía para mí un obstáculo difícil de afrontar. Tardé más borrando palabras y frases que escribiéndolas. Así, conseguí dejarlo justo en 399. Si las cuentas, sin embargo, te saldrán un puñado de más; las he añadido ahora, porque las he hallado en falta para acabar de pulir el sentido del texto. Como no me vas a poner nota, supongo que no te importará.

Mientras urdía mi trabajo, una cosa llevó a la otra y tuve la ocurrencia de erigirme en inventor de palabras, de manera que dejé caer un puñado de invención propia. Como carta de presentación para una asignatura universitaria de lengua, no deja de ser una idea de iluminado, pero no me salió mal del todo la jugada.

Aquí tienes la traducción al castellano del resultado:

 

Me gusta tomar palabras prestadas

Palma de Mallorca, 2 de octubre de 2016

 

Manllevar paraules
© Marta Anguera, 2010 para Remeno paraules en www.puntiacap.blogspot.com.es

Me gusta tomar palabras prestadas de otros para hacerlas mías. Es algo que suelo practicar, no tan a menudo como quisiera, pero vaya si lo hago.

Parece mentira, pero tras 53 años oyendo hablar mi lengua y unos 30 y pico leyéndola, todavía descubro términos nuevos que, por mor del azar, la falta de lectura o la poca atención, habían permanecido escondidos lejos del alcance de mi entendimiento. Es entonces, cuando un nuevo y fascinante conjunto de signos y fonemas, revueltos como nunca antes los había visto ni escuchado, hace que una señal de alarma se encienda en algún rincón de mi cerebro y me diga: he aquí una nueva voz.

Leí hace ya un tiempo que una lengua está viva cuando sus hablantes saben derivar de ella nuevos vocablos. También me apropié de esta frase que confío no haber citado textualmente por una travesura de la memoria, porque, no recordando al autor, no puedo citarlo y nada querría menos que incurrir en plagio.

Así es como los poetas, contadores de historias y demás letrados hacen medrar la lengua, nutriéndola de nuevas palabras a la espera de que otros hablantes, oyentes o escribientes las hagan suyas.

De un poetaarticulista y buen  amigo, Biel Florit, tomé una que uso tanto como puedo. No digo que sea él su creador, pero de él la leí por primera vez y, desde entonces, la hice mío. No suelo decirla de palabra, pero más de una vez la he vertido sobre el lienzo de mi editor de textos. La palabra es estimera (de estimar: amar). No recuerdo cómo ni en qué contexto la utilizó él. Yo, por estimera, entiendo: deseo o necesidad de amar. Estimera de les paraulesAsí, igual que llamamos xerrera a las ganas de charlar o que el olor de un buen manjar nos hace cobrar mengera (apetito), cuando yo necesito amar, digo que tengo estimera.

Pero también entiendo, en sentido figurado, porestimera aquel rincón imaginario, no sé si del corazón, del cerebro o del hígado -digamos del disco duro- donde guardamos ese deseo; justo allí donde nos duele cuando amamos y no nos aman.

Me gusta tomar palabras prestadas; como también me gusta hacer caso de nuestros sabios y de vez en cuando derivarlas, crear otras nuevas. Me gusta pensar que alguien las leerá, le gustarán y las hará suyas. Te dejo un puñado de estos palabros por si quieres ser tú el “manllevaire” (prestatario). No afirmo ser yo el artífice ni tampoco su primer “empraire” (usuario); tan sólo un escribiente desnortado que piensa que, del hacer nuestras las palabras, bien podemos decir: “notrarlas”.

 

Y eso es todo por hoy.

También puedes leer el 2º y el 3º trabajo de esta misma asignatura:

Si te ha gustado, me lo dices, y si no, perdices.

Deja un comentario si viene a cuento y, si lo esparces por las redes, me tendrás contento.

Salud y que tengas un buen día.

Rafel Jaume, Biel Florit i Damià Pons
Con Biel Florit y Damià Pons, presentando el poemario Diàstole i quatre poemes d’amor, en la libreria Sagitari de Xavier Abraham, en el Tereno, Palma. Diciembre 1994. Foto: Francesc Amengual.
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