Disponible en: Catalán

Share

 Versión ampliada del artículo homónimo publicado en el Diario de Mallorca el 18 de febrero de 2014. Puedes leer el original aquí.

 

Palma de Mallorca, 11 de febrero de 2014.

Seguramente este artículo llega tarde y ya lo has comprado o regalado por Reyes. Seguramente ya está en casa, perdido, asustado, desorientado por el ruido, los gritos y las carreras de los niños. Posiblemente este año hayas regalado un perro, un gato o cualquier otro animal. Si es así, deberías leer esto: te has equivocado.

La compra de un animal de compañía es un mal negocio, quiero decir, un negocio malo.

No porque no genere ingresos, que los genera y cuantiosos. Quiero decir: la compra de un animal de compañía es un negocio malo. Malo porque, además de beneficios para unos, produce sufrimiento, mucho sufrimiento, para otros. Pero empezaré por el principio.

Cuando ves un cachorro de corta edad en un escaparate deberías preguntarte ¿de dónde ha salido? La respuesta es obvia pero, ¿qué ha tenido que pasar para que haya nacido? Te vendrá a la cabeza una tierna historia de amor, una cálida noche de luna llena, perro conoce perra… Demasiado Disney en nuestros cerebros. La realidad es otra. La Dama y el Vagabundo es sólo un cuento. El negocio de los animales de compañía es una gran máquina de hacer dinero y, como tal, de explotación. Las perras reproductoras son obligadas a criar a un ritmo frenético a veces atadas a un potro de violación, para que sean fecundadas evitando el cortejo; reduciendo tiempo y costes de producción.

Obligadas a parir, se les niega el derecho a ser madres.

Sus crías serán lanzadas al mercado con apenas dos meses de edad y otra vez al canil, sin paseos ni caricias, hasta que sus cuerpos permitan otra monta. Un día, por fin, serán retiradas del proceso de producción, seniles prematuras, arrastrando sus dilatadas ubres infestadas de tumores. Deformes, enfermas, sucias,  agotadas y yermas, serán olvidadas en una jaula o sacrificadas para evitar gastos innecesarios.

Los cachorros serán hacinados en sucios trasportines y distribuidos en pésimas condiciones de viaje hasta sus puntos de venta, donde serán, por fin, lavados, peinados y convertidos en adorables peluches de escaparate. Meros objetos de consumo. Perfectos regalos de Reyes. Aunque tal vez el tuyo, precisamente el tuyo, provenga de uno de esos escasos “buenos criadores” que sólo buscan la preservación de una raza innecesaria, fruto del capricho del hombre, que sacan cada día a pasear a todos sus perros, campeones de mil y un concursos, hijos y nietos de campeones,… ¡chorradas! Salvo que hayas visto con tus propios ojos a la madre de tu cachorro, puedes sospechar que su pedigrí sea uno de los miles que, cada año, se falsifican en España. Si juntáramos todos los «hijos de campeones” veríamos  que no hay concursos para tanto galardón.

Lavados, peinados y convertidos en adorables peluches de mostrador. Meros objetos de consumo. Perfectos regalos de Reyes.

¿Que lo has adoptado? ¡Bravo, gracias y enhorabuena! Pero, ¿por qué en Navidad? Es la peor época para que un cachorro llegue a casa. En poco tiempo ha perdido madre y hermanos, ha viajado, ha sido expuesto al público, manipulado, abandonado y confinado en una perrera…a la edad de dos meses. Lo que necesita es un periodo de calma para reducir el estrés acumulado; no una fiesta tras otra, visitas ruidosas, gritos,… No en Navidad. Nunca como regalo de Reyes. No es justo. La llegada de un perro a casa debe ser para un niño el acontecimiento del año. Siempre debe recordar ese día como el día en que conoció a su mejor amigo, y no será así si le obligamos a competir con una consola de juegos o una bicicleta.

Lo compraste. Cuando lo viste en el mostrador tuviste pena y te sentiste bien cuando lo liberaste. No pensaste en que, al hacerlo, generabas un aumento de la demanda y otra perra a parir. Porque ni esa vitrina ni esa jaula pueden estar vacías. Un animal en una tienda es un artículo con código de barras que debe ser repuesto cuando se agotan las existencias.

Las perreras están llenas de regalos de Reyes no pedidos por escrito y sin manual de instrucciones.

Y ¿qué pasa con los excedentes? Los no elegidos. Saldos de rebajas. Outlets fuera de temporada, demasiado viejos para ser llamados cachorros; demasiado jóvenes para que les llegue su fecha de caducidad. ¿Serán devueltos a la fábrica? ¿enviados a una planta de reciclaje? Las perreras están llenas de regalos de Reyes no pedidos por escrito y sin manual de instrucciones.

En alguna perrera, un excedente de producción, algún regalo de Reyes no pedido por carta y sin manual de instrucciones está esperando la última oportunidad, antes de que expire su fecha de caducidad en forma de inyección letal. Adóptalo.

Seguramente, este artículo llega tarde y ya lo compraste. Si es así, aún estás a tiempo de remediarlo. Hay tres cosas que puedes hacer.

  1. Antes de que sea un estorbo, edúcale. Pero desconfía de quien te hable de castigo, dominancia, perros alfa o de liderar la manada. Hay demasiado cesarmillán andando suelto. Escucha a quien te hable de educarte a ti, de encontrar su lugar en la familia, aprender su idioma, reforzar comportamientos deseados y, sobre todo, de respeto. Mucho respeto. Estás a tiempo. Edúcate para educarle.
  2. No añadas más carne de perrera al mercadoNo es cierto que las hembras necesiten ser madres una vez por lo menos. ¿Para qué? ¿Para quitarles sus hijos a los dos meses? ¿Qué clase de maternidad es ésa? Ellos no necesitan del sexo. Cuanto antes los esterilices, antes evitarás la aparición de tumores.
  3. Por último y para que esta historia termine mejor de cómo empezó, llegado el momento, piensa: no es bueno que el perro esté solo. En alguna perrera, un excedente de producción está esperando una última oportunidad para salir al mercado a bajo coste, antes de que expire su fecha de caducidad en forma de inyección letal. Dicho de otro modo, ve a por el segundo. Pero esta vez, no lo compres. Adóptalo.

Rafel Àngel Jaume
Presidente honorífico  de Baldea
(Plataforma Balear para la Defensa de los Animales)

Share