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Carles Puyol no fue sólo el corazón de La Roja; fue también su cerebro. El zaguero catalán ordenaba como nadie la defensa poniendo a cada uno en su sitio y manteniendo la concentración hasta el final. No quiso celebrar su gol en Sudáfrica -hasta para eso usó su cabeza- más de lo justo y necesario. Bajó a defender gritando a los suyos que aquello aún no había terminado. Ni siquiera en la rueda de prensa, en la que aseguró que su gol no pasaría a la historia porque habría un gol en el partido siguiente que sí lo haría, se dejó llevar por la euforia. Mientras los demás festejaban el triunfo, él ya estaba en la final. Con su marcha, la selección española adolece de los mismos males que el Barça. Todos los goles han caído por el centro del área o a balón parado. No es casualidad.

No voy a hacer leña del árbol caído. El aficionado medio español disfruta crucificando a sus ídolos. No en vano, los compara al toro bravo, desafortunada bestia que siempre sale vencida, desangrada y humillada de la plaza. España elige muy mal sus símbolos. Tampoco la “ñ” debería representar a una escuadra cuya espina dorsal escribe Espanya. Esta generación de futbolistas merece antes el aplauso y las gracias por los servicios prestados que el castigo, la burla y el escarnio que se les viene encima. No hay que buscar culpables, dijo Del Bosque, pero castigó a Xavi y Piqué, confiando en el eje Íker-Ramos-Alonso. Descabezada la zaga por lesión, descerebró la media sentando a su neurona más lúcida y ubicua. Alba, Iniesta, Busquets y Pedro buscaban desesperadamente a su capitán. La Catalonian connection reducida a cuatro. 

Puyol y Xavi en Sudafrica
Puyol y Xavi en Sudáfrica

Sin poner en entredicho la canonización de Casillas, España debería por lo menos beatificar a Puyol y no demonizar a Hernández, pero nunca se les perdonará haber enarbolado la Senyera en Johannesburgo. ¿Alguien duda de que la mejor selección de todos los tiempos ha sido la que mejor ha hablado catalán y ha coincidido con el mejor Barça de la Historia? Finalizada la era Guardiola, España regresa a la pre-aragonesiana. Descartada la vía catalana habrá que refugiarse de nuevo en la furia y justificarse en la mala suerte. Tal vez Pep aceptaría liderar la renovación. No sería el primer seleccionador español extranjero. ¡Ah, no! Que es catalán. Mejor buscar en el mercado hispanoamericano. “Que sea uno de los nuestros”.

Carles Puyol y Xavier Hernández no han recibido botas ni balones de oro, galardones destinados casi en exclusiva a los culminadores de jugadas y chutadores de faltas máximas y nunca o casi nunca a los fabricantes de buen fútbol ni a los héroes en la sombra. No hay que hacer leña, he dicho, pero sí hay que poner a cada uno en su sitio. No busquemos culpables pero, de hacerlo, no cortemos la testa equivocada. Faltó Puyol y, en su ausencia, nadie tomó su relevo. Xavi y compañía hicieron en la primera parte ante Holanda, la única que jugó La Roja, lo mismo que habían venido haciendo hasta entonces: marear al rival con toque y control esperando su error para conformarse con un uno a cero agónico. No llegó ese error aunque sí el arbitral. Gol de penalti y a esperar un final que no parecía llegar nunca. España falló delante como siempre y atrás como nunca, desde que Carles cubría ese puesto, pero no en el mediocampo mientras jugó el omnipresente mediocentro catalán.

La buena noticia la tenemos en los miles de euros que no engrosarán esta vez las cuentas de bazares orientales a cambio de banderas patrias o los más de 16 millones destinados a primas que la federación podrá destinar ahora al fútbol base para que esta historia no termine así.

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