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Versión ampliada del artículo homónimo publicado en el Diario de Mallorca el 24 de abril de 2014. 

 

Palma de Mallorca, 14 de abril de 2014

Dijo Arthur Schopenhauer:

“Toda verdad pasa por tres etapas. Primero se la ridiculiza. Segundo, genera una violenta oposición. Tercero, resulta aceptada como si fuera algo evidente”. 

Diciembre de 1960. Nace en Paris el “Club de los Países Ricos”, la OCDE, impulsora y gran defensora del libre comercio internacional como creador de riqueza y bienestar. La idea es producir en países con mano de obra barata cosas que, transportadas a bajo coste y sin aranceles, mejorarán la calidad de vida de los países miembros.

Entre 1950 y 2006 el volumen del  tráfico mundial de mercancías se multiplicó por 27 mientras que el PIB sólo lo hizo por 8. La participación del comercio internacional en el PIB mundial pasó de 5,5% a 20,5%, según la Organización Mundial del Comercio(Wikipedia)

 “Los grandes barcos, el verdadero sistema circulatorio de la economía global, transportan más de 90% de la mercadería mundial por volumen. La cantidad de toneladas de carga transportada por los buques se ha triplicado desde 1970. Aun así, el combustible que los alimenta es barato, sucio y produce escapes especialmente nocivos.

Los barcos emiten más dióxido sulfúrico, un químico negruzco y contaminante vinculado a la lluvia ácida, que todos los automóviles, autobuses y camiones de todo el planeta sumados, según un estudio del Consejo Internacional sobre Transporte Limpio. El informe dice también que los buques de carga produjeron en 2005 alrededor del 27% de todas las emisiones contaminantes de óxido de nitrógeno. La industria naviera, al mismo tiempo, está trabada en una disputa interna sobre cómo resolver el problema de las emisiones, sin poder elaborar estrategias sencillas para regular el tránsito por mar abierto.” (The Wall Street JournalFuente: Blogiarquia Artículos de política y otros temas.

El calentamiento global y, con él, el deshielo polar aumentan exponencialmente en relación al comercio exterior en un grado que desconocemos, ya que ninguna ley regula el combustible usado en aguas internacionales ni las emisiones de gases de los cargueros.

Deforestamos la jungla, derretimos los polos y elevamos el nivel del Mar. Dejamos tortugas marinas sin arenales donde desovar, orangutanes y osos polares desahuciados.

Europa, por no contaminar, fabrica biodiesel con aceite de palma cultivada en lo que fue la jungla de Borneo y transportada en vetustos y contaminantes navíos que limpian impunemente sus sentinas en el océano. Deforestamos la jungla, calentamos la atmósfera, derretimos los polos, elevamos el nivel de un Mar que, cada vez más contaminado, engulle las playas. Dejamos tortugas marinas sin arenales donde desovar, orangutanes y osos polares desahuciados.

Por no molestar a las vacas, bebemos leche de soja, una legumbre forrajera asiática convertida ahora en manjar exquisito para europeos y cultivada en lo que hace unos días era la selva amazónica, hogar de guacamayos y tucanes.

Nos venden insípida panga del contaminado y lejano río Mekong más barata que nuestro mediterráneo y gustoso rape mientras Japón degusta nuestro exquisito atún.

Tanzania exporta a la Unión Europea 500 toneladas diarias de perca del Nilo que, introducida en los años 60 en el lago Victoria, ha reducido a un 1% la población de los varios cientos de especies autóctonas que enriquecían otrora la segunda mayor reserva de agua dulce del mundo.

Fletamos contaminantes buques repletos de cosas que no necesitamos mientras nos quejamos del calor y conectamos el aire acondicionado, añadiendo más leña al fuego.

Aliñamos nuestras ensaladas con una salsa negra que sabe a sal mientras China saborea nuestro preciado aceite de oliva. Damos a nuestros perros piensos  envasados en la costa oeste de Canadá mientras en Europa los elaboramos con carne de cabra criada en Australia o con mejillón verde de Nueva Zelanda, para venderlos a los EE.UU. de América.

Fletamos contaminantes buques repletos de cosas que no necesitamos mientras nos quejamos del calor y conectamos el aire acondicionado, añadiendo más leña al fuego. Cogemos el coche para ir al súper mientras añoramos el viejo colmado de la esquina, convertido ahora en bazar oriental… Es la globalización elevada a su máxima potencia: la estupidez.

En los años 80, Greenpeace alertó al Mundo sobre el cambio climático.

Fue ridiculizada, desmentida y tachada de alarmista. Hoy, de acuerdo con Schopenhauer, este fenómeno es una verdad más evidente que un iceberg fundiéndose en las cálidas aguas del Ártico. La buena noticia es que tenemos la llave para decidir qué y a quien queremos comprar… pero no. Seguiremos conduciendo solos, pasando frío en verano y, lo que es peor, comprando lejos, esperando la llegada de un líder que nos diga cuándo y cómo debemos usar esa llave.

Rafel Àngel Jaume
Presidente Honorífico de de Baldea
(Plataforma Balear per a la Defensa dels Animals)

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