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Como ando liado con mis estudios y no tengo tiempo ni ánimo de escribir cosas nuevas, he metido mano al cajón de los borradores y he encontrado esto que escribí en febrero de este año, mientras ultimaba el estreno de mi Cuaderno de un Tarado. Entonces no lo di por terminado y lo dejé pendiente esperando encontrar el momento. Como ese momento no ha llegado, te lo muestro tal como quedó entonces, sin pulir, pero más fresco que una tajada de sandía en una tarde de agosto.

Aunque es un texto de este pasado mes de febrero, tienes que situar su contexto entre 2010 y 2011, durante el primer año de mi viaje al infierno de esa cosa llamada  tetraplejia.

 Palma, 17 de febrero de 2016

Sobrevivir al margen del Edén. ¿Cómo se come eso? ¿Cómo ir tirando cuando no hay esperanza? La respuesta es muy simple. No hay que ser tan valiente como algunos quieren suponer. Basta con aceptar que, por malo que sea el hoy y por más que desees no despertar nunca jamás, el mañana es inevitable y nadie te va a prometer que no vaya a ser peor. Tus ojos se abrirán para ver que estás todavía en el Infierno. Los cerrarás y desearás no tener que volver a abrirlos para permitir a tu mente viajar al pasado, donde puedes permitirte el lujo de cambiarlo todo a tu gusto, tomando nuevas decisiones amparadas en la experiencia que te han dado los años.

Ganarás donde perdiste; avanzarás donde caíste; catarás las mieles que rechazaste pensando que no eran para ti; besarás a todos tus amores imposibles y no te sentirás culpable por vivir una vida ficticia porque la que te ha tocado en suerte es una mierda y no recuerdas haber hecho nada para merecerla. Y no temerás errar porque siempre podrás volver atrás y probar otras opciones. Es la ventaja de no tener presente: nadie te puede negar el derecho a fabricarte un pasado a tu gusto y a vivirlo como si fuera real, aunque sea falso; porque, ¿qué es real y qué es falso? ¿Son falsos los sueños? Tu cerebro es más poderoso de lo que crees y no hay nada que no sea capaz de imaginar.

Cuando no tienes presente puedes darte el gusto de tener el pasado que te plazca y perderte dentro hasta que alguien te venga a perturbar y tengas que abrir los ojos para volver al ahora infernal.

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